El viernes 9 de julio era la gran jornada del Bilbao BBK Live. Y es que no todos los días se puede ver sobre un mismo escenario a dos iconos del rock alternativo de los '90 como Alice in chains y Pearl Jam. La coincidencia me ilusionaba enormemente, influida por esas imágenes y sonidos grabados en mi cerebro gracias a películas como Singles o a tantas horas invertidas leyendo sobre la música que se hacía en Seattle. Hacía sólo tres días que había visto a AIC en Barcelona y, tras el alucine experimentado, ansiaba reencontrarlos en Bilbao.
Aunque el festival obligaba al grupo a reducir su set list, éste no fue ni mucho menos decepcionante. Aunque clásicos como Down in a hole quedaron fuera, los 13 temas que desfilaron por Kobetamendi no dieron respiro a los fans que, seguramente, quedaron satisfechos de la elección. Además, para aquellos que estuvimos en Razz, fue interesante escuchar al grupo con un mejor sonido, mucho más inteligible.
Como se trataba de condensar la esencia de la banda en poco más de una hora, esta vez AIC no optaron por la simbólica introducción de All secrets known y atacaron directamente una retahíla de clásicos del Dirt (1992). El trío Rain when I die (con esa entrada de bajo marca de la casa), Them bones y Dam that river marcó un inicio de concierto demoledor que tendría continuación con una de mis favoritas en directo, Again (Alice in chains, 1995). Para entonces, ya era momento de introducir algo del nuevo disco, y las escogidas fueron el primer single, Check my brain, y Your decision.
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La siguiente canción me sorprendió. No esperaba que, tratándose de un festival, tocaran Love, Hate, Love, un tema largo, oscuro y sobrecogedor. Pero allí estaba. Y como ya pasó en Barcelona, me pareció uno de los momentazos del concierto. La intimidad y el lamento de esta canción fueron contestados con la rabia de We die young, otro corte del Facelift (1990). Después llegaría la nueva Acid Bubble, el tema que espero que nunca vuelva a faltar en ningún set list de AIC. Madre mía, cada vez que lo escucho me parece más perfecto.
Tras dejarnos con la boca abierta, el grupo nos conmovió dedicando al desaparecido Layne Staley Nutshell, recogida en el Jar of flies (1994). Su letra, que todos recordamos recitada por el malogrado cantante a la luz de las velas del Unplugged, dolió por la claridad de su mensaje: "If I can't be my own, I'd feel better dead".
Este momento de recogimiento dio paso a la recta final del concierto, donde no podían faltar los grandes clásicos Man in the box y Would?, que fueron cantados con pasión por el público. Una audiencia que vio cumplida su mitomanía cuando el grupo anunció que, para el último tema, se iban a acompañar de un buen amigo, del guitarrista de Pearl Jam, Mike McCready. Me recuerdo muy feliz en ese instante. Y es que, como decía al principio, no todos los días se ve a estos dos grupos en una misma noche. Para mí se trataba de un sueño del pasado que ahora, sorprendentemente, podía hacerse realidad. Así que Rooster me sonó más bella y emocionante que nunca, con Mike y Jerry frente a frente encajando sus guitarras a la perfección.
Fue un gran y suculento primer plato para una noche que tendría como colofón mi sexto concierto de Pearl Jam.
Cuando una acude a un concierto de Alice in chains, lo normal es hacerlo empujada por la nostalgia. No nos engañemos. Es un grupo que obtuvo su mayor éxito durante los '90, envuelto en aquella nube informe que se bautizó como "grunge". La banda desapareció del panorama musical tras la trágica muerte de su cantante, Layne Staley, y no ha regresado hasta hace poco gracias a la incorporación, no exenta de polémica, de un nuevo vocalista: William Duvall. Actualmente, ver en directo a AIC responde al deseo de escuchar aquellos temas míticos que, bien por generación o por razones geográficas, nunca antes pudimos disfrutar.
Pero ojo. Aún siendo la nostalgia el principal motor para seguir los pasos de la banda, hay que reconocer que Cantrell y compañía se han sabido refundar y que están logrando convencer a los más escépticos con un excelente material nuevo y con una más que solvente puesta en escena. El año pasado, el grupo dejó muy claro que su nueva etapa no iba a ser un simple "grandes éxitos" sacando al mercado un disco realmente fresco y 100% Alice in chains: Black gives way to blue. En la gira que les llevó el pasado 6 de julio a Barcelona, la banda demostró, además, que su directo está lleno de vitalidad y que las nuevas canciones encajan a la perfección entre los clásicos.
El de Razzmatazz fue un espectáculo de rock en mayúsculas donde todos y cada uno de los miembros del grupo demostraron que siguen en esto porque les divierte. Fueron casi 2 horas de recital que incluyeron un total de 20 temas, a cual más celebrado por un público muy fiel. Mi posición, en primera fila justo delante de Jerry Cantrell, me permitió disfrutar plenamente de un concierto que fue vibrante en todos sus pasajes.
La descarga empezó como no podía ser de otra manera. All secrets known, del nuevo disco, ejerció de perfecta introducción para el concierto, con Jerry Cantrell cantando de manera pausada ese "Hope, a new beginning. Time, time to start living. Like just before we died". Toda una declaración de intenciones, que en seguida fue contrastada con It ain't like that, un tema del primer álbum del grupo, Facelift (1990). A continuación, la intensidad siguió en ascenso con una de las canciones que, a mi parecer, mejor están funcionando en directo, Again, del disco Alice in chains (1995). Este corte es carne de directo, con esos dos cambios que invitan al público a saltar mientras canta un pegadizo "tu, tu tu tu". Simplemente espectacular.
Después de este comienzo perfecto, el grupo demostró una vez más que sus nuevos temas han llegado para quedarse. Así, el single del nuevo disco, Check my brain, fue muy bien acogido por el público. Aunque no tanto como Them bones, la delirante canción que da inicio al gran clásico de la banda, Dirt (1992), y que, de hecho, suele inaugurar un bloque donde se suceden otros cortes imprescindibles de este disco: Dam the river y Rain when I die (una de las más coreadas por el público).
Tras la descarga evidentemente nostálgica, le llegó el turno a otra píldora del último disco, Your decision. El tema, lento, largo, casi pop, cede todo el protagonismo a Jerry Cantrell, quien es asistido a los coros por William Duvall. Su ritmo más pausado, aunque rítmico, se mantuvo con un clásico del EP Jar of flies (1994), No excuses, que siempre es recibido con especial cariño por la audiencia.
Y hasta aquí las concesiones. We die young irrumpió en Razz con toda su rabia metalera para volver a demostrar que el mal llamado "grunge" es, como género, tan indefinible como diverso. Toda una inyección de energía que fue seguida por otro tema nuevo de gran empaque, Last of my kind. El concierto siguió con toda una sorpresa, Rotten apple, nuevamente del mítico EP Jar of flies. El tema, tal vez por menos usual, actúa como una especie de túnel del tiempo y nos obliga a cerrar los ojos y a visualizar a Layne Staley agarrado a su micrófono, cantando de aquella forma tan única y sobrecogedora. Conseguir que ese recuerdo no se empañe es uno de los méritos que deberíamos reconocerle a Duvall.
Pero, como decía, Alice in chains han llegado a esta nueva etapa de su camino para demostrar que no viven de rentas del pasado. Y así volvió a evidenciarse con otros dos temas del nuevo disco que interpretaron uno tras otro: Lesson learned y Acid Bubble, el que para mí es el temón absoluto de Black gives way to blue. Esta última canción, con la pesadez de sus estrofas, el dúo vocal perfecto de Duvall y Cantrell, los cambios de ritmo y la locura metal en que estalla para regocijo de la audiencia, es sencillamente redondo, consiguiendo que sus 6:55 se hagan cortos. Si todos los grupos que se reúnen fueran capaces de crear material nuevo tan bueno, poco importaría si lo hacen o no por la pasta.
Para el final del main set, el grupo hizo lo que cualquiera hubiera esperado. Con el nuevo disco más que defendido, sólo cabía entrelazar un éxito tras otro. Y entre todos los hits, destaca el clásico Down in a hole, con esa letra que todos los fans se saben de principio a fin y esa perfecta comunión vocal entre cantante y guitarrista. El clásico, que volvió a emocionar en Razz, dio paso a otro corte del Dirt, Angry chair. El tema, uno de los más oscuros de AIC, fue aplaudido en seguida, tan pronto como la audiencia reconoció la batería que lo introduce. Lo mismo ocurrió con otra ineludible, Man in the box, del Facelift, que he de decir que fue seguida, cantada e incluso interpretada con pasión por un personaje que tenía a mi lado en la primera fila. Sus gestos representando la angustia del hombre dentro de la caja eran dignos del Institut del Teatre, lo cual no puedo más que aplaudir, porque siempre se agradece más esa implicación que no la obsesión de algunos por empujar a todo ser viviente.
Tras el breve descanso previo al bis, el grupo nos sorprendió con uno de los temas más especiales e impresionantes de su discografía: Love, Hate, Love. La letra de esta canción se clava muy profundo: "You told me I'm the only one. Sweet little angel you should have run. Lying, crying, dying to leave. Innocence creates my hell". Por cierto, que este tema no estaba incluido en el setlist original del concierto, lo que lleva a pensar que el grupo se estaba sintiendo verdaderamente a gusto y decidió alargar un poco la actuación.
Y después de esa más que grata sorpresa, llegaron las dos canciones que no podían faltar en el cierre. El bajo que introduce Would? enloqueció una vez más al público, que viajó nuevamente a los '90, una época que, sólo en la distancia, hemos empezado a apreciar musicalmente hablando. El final del tema, ese "If I would, could you?", fue gritado a pleno pulmón por el público, dejando Razzmatazz sin una gota de oxígeno. Tras la súplica colectiva, y ya como despedida definitiva, otro de los clásicos por excelencia, la conmovedora Rooster. La canción, que comienza delicada y luego estalla con el impulso de las guitarras y la voz de todos los presentes, volvió a dejarnos el mejor de los sabores.
En definitiva, un soberbio espectáculo musical que demostró que Alice in chains se han ganado a pulso el derecho a seguir vivos a pesar de que Layne ya no esté tras el micrófono. He de hacer una mención especial a la simpatía del grupo, en todo momento muy agradecido con su público, y, sobre todo, a la capacidad de William Duvall para ganarse a unos fans que no las tenían todas consigo cuando se enteraron de que alguien osaba sustituir a uno de sus iconos del rock alternativo. Duvall no ha demostrado únicamente que es un gran cantante, con una voz más que solvente, sino que además da la sensación de estar tremendamente agradecido por poder cantar con AIC y por recibir una buena respuesta del público. Así quedó demostrado cuando, nada más acabar el concierto, el hombre no dudó en quedarse en la puerta de Razz para hacerse fotos con los fans, firmarles autógrafos y charlar con ellos. Nunca olvidaré su sincero "thank you" al felicitarle por el gran concierto que habían ofrecido.
Hace unos días, Pearl Jam hizo triplemente felices a muchos de sus fans. En un concierto ofrecido en Los Angeles, los cinco de Seattle (se podrían considerar seis si tenemos en cuenta a Boom) se dejaron llevar por la nostalgia y sorprendieron a su público al invitar al escenario a Chris Cornell (ex-Soundgarden) y a Jerry Cantrell (Alice in chains). Ambos aparecieron al final del segundo bis. En el caso de Cornell, fue para interpretar ni más ni menos que Hunger Strike, el mítico tema de Temple of the dog. Aunque Pearl Jam ha tocado esta canción con cierta regularidad en sus conciertos, la verdad es que hacía muchísimo tiempo que no lo hacía con el line-up original, así que la posibilidad de volver a oír la canción en las voces de Eddie Vedder y Chris Cornell fue una auténtica sorpresa.
Temple of the dog fue un proyecto paralelo, una suerte de banda de tributo que se creó para homenajear al fallecido Andrew Wood, compañero de piso de Cornell y cantante de Mother Love Bone. El grupo estaba formado por dos componentes de Soundgarden, el mismo Cornell y el batería Matt Cameron, y por cuatro de los integrantes de Pearl Jam, los guitarristas Mike McCready y Stone Gossard, el bajista Jeff Ament y el recién llegado cantante, Eddie Vedder. Temple of the dog publicó su disco de tributo en 1990 y, así, con sólo un trabajo, se convirtió en todo un mito para los seguidores del rock alternativo.
Casi 20 años después, la reunión del grupo podía plantear ciertas dudas, sobre todo por cómo ha evolucionado la carrera de Cornell desde que se disolviera Soundgarden. Afortunadamente, los traspiés musicales del cantante no pesaron y Hunger Strike volvió a brillar sobre el escenario. La voz de Cornell estuvo a la altura (con algún matiz) y la colaboración con Vedder volvió a ser altamente emotiva.
La sensación nostálgica se repitió a continuación con Alive, el primer gran single de Pearl Jam. El tema, de 1991, contó con la participación estelar de Jerry Cantrell. El guitarrista de Alice in chains se unió al grupo para bordar un solo de guitarra que enloqueció a la audiencia.
Este final de concierto se cerró con un saludo multitudinario desde el escenario que bien merecía la siguiente foto:
El próximo 29 de septiembre se pondrá a la venta el nuevo y esperado disco de Alice in Chains, Black gives way to blue, el primer trabajo de la banda desde que falleciera su cantante, Layne Staley, en 2002. Ya hace años que el grupo trabaja con un nuevo vocalista, William DuVall, un hecho que no acaba de agradar a algunos de sus fans (que piensan que Staley es insustituible y que, sin él, AIC no tienen razón de ser) pero que ha sido aceptado de manera progresiva por otra parte importante de sus seguidores. La verdad es que en las giras que el grupo ha protagonizado en los últimos tiempos (una de ellas recaló en Barcelona) DuVall se ha mostrado como un vocalista solvente, capaz de imprimir a los temas de AIC el dramatismo que requieren, aunque nunca al nivel de la voz sobrenatural de Staley.
El disco que saldrá a la venta el próximo mes confirma que los componentes de Alice in Chains no se conforman con ofrecer conciertos nostálgicos de vez en cuando y que quieren seguir produciendo música con el sello característico del grupo. Los cortes que se han avanzado en directo o en Internet así lo certifican. Siguen sonando al metal denso y deprimente que encumbró a AIC como una de las bandas con mayor personalidad de la generación "grunge".
Precisamente por eso ha impactado tanto que la canción que da nombre al disco y que además está dedicada al fallecido Staley, Black gives way to blue, cuente con la exótica colaboración al piano de Sir Elton John. El guitarrista y líder indiscutible de AIC, Jerry Cantrell, ha explicado al respecto: "Estábamos pensando en añadirle piano al tema y un amigo me sugirió que deberíamos llamar a Elton.Recuerdo haberme reído y decirle, 'Si, ahora mismo'. Pero decidí que valía la pena probar y le escribí un mail a Elton explicándole lo que la canción significa para nosotros - que es una canción cruda, de corazón abierto para Layne. Le mandamos la canción y recibimos una llamada al poco tiempo de que nos dijera que pensaba que era bonita y que quería tocar en ella. Quedamos alucinados. Elton John es una gran influencia para mi como compositor y tenerle en esa canción es un increíble honor."
Aún más sorprendentes son las declaraciones de Elton John: "he sido un admirador de Jerry Cantrell desde hace tiempo y cuando me pidió que tocara en 'Black Gives Way To Blue' me pareció tan halagador que no pude resistirme. Fue una sesión de grabación genial con Alice in Chains".
Se trata, sin duda, de una colaboración curiosa, sobre todo si pensamos en la carrera más reciente de Elton John (donde lo más sonado quizás haya sido el Candle in the wind que dedicó a Lady Di). Menos nos tendría que sorprender si evocamos al rockero Elton John de los años 70.
Veremos qué resultado tiene la colaboración con AIC pero espero que supere en calidad la estampa que han dejado para la posteridad el cantante británico y Jerry Cantrell. Atención al chándal y los zapatos. Los pelos como escarpias...